Unas elecciones son un momento decisivo para la democracia, el medio por el que la voz de los ciudadanos adquiere protagonismo. Unas elecciones no pueden convertirse en una inercia, un rito adocenado, una fatalidad, una costumbre inútil. La crisis económica que viven España y Europa exige respuestas claras y decisiones importantes. Los ciudadanos, que tantas decisiones han esperado de los políticos, deben ahora tomar la palabra.
Conviene no olvidar que los proyectos políticos que han dominado la escena europea son los responsables de la insostenible e inhumana situación económica actual. Conviene no olvidar que hoy resulta imposible encontrar diferencias profundas entre las perspectivas de la derecha y del centro izquierda representado por los socialistas europeos. Conviene no olvidar que populares y socialistas han promovido y aceptado las medidas estatales que permitieron las irresponsables plusvalías bancarias y la apuesta por el capitalismo especulativo que late en el origen de la crisis.
Tampoco conviene olvidar la pérdida de derechos laborales y la consiguiente degradación de la democracia que se esconden en el Tratado de Lisboa, en la directiva de liberalización de servicios, en el endurecimiento de la ley de extranjería, en la directiva de la vergüenza y en el recorte de los derechos del menor. Conviene no olvidar la humillación de las ilusiones educativas al utilitarismo mercantil de Bolonia. Conviene no olvidar quiénes son los que han defendido el predominio del mercado frente a los intereses y derechos de los ciudadanos y las ciudadanas. El partido se juega en Europa, pero conviene cambiar de alineación y de árbitro.
La situación económica necesita que los ciudadanos protagonicen su propia respuesta para reivindicar de un modo claro, frente a los mercaderes, la Europa de los derechos sociales y las libertades. Los resultados están a la vista. Es demasiado peligroso para la economía y la dignidad de los ciudadanos acostumbrarnos a una Europa en la que se olviden los ideales de progreso y solidaridad. Es demasiado peligrosa una Europa que se aleje de una sólida ética democrática, vinculada a un proyecto de Estado social, público e integrador. Es demasiado peligrosa una Europa dirigida por élites económicas y políticas, siempre dispuestas a tomar decisiones fuera del control de los ciudadanos, alegando que la sociedad no conoce bien los asuntos europeos.
Izquierda Unida representa hoy un proyecto alternativo para romper esta inercia y para refundar una Unión Europea social y ecológica. Resulta necesario que la izquierda consiga la máxima capacidad política, el mayor liderazgo social. Debemos manifestar en forma de voto nuestra protesta por lo ocurrido hasta ahora y apoyar la búsqueda de soluciones eficaces a los graves problemas que agobian a millones de europeos y europeas, con propuestas que garantices la democracia social, los servicios públicos, la participación, las libertades y el respeto a las conquistas sindicales de tradición progresista. Hay que retomar la política, intervenir la economía al servicio del interés general y contribuir a la paz y al desarme. La solución de la crisis no implica sólo medidas económicas, sino una apuesta decidida por la política. El paro, la miseria y la inseguridad no son problemas económicos, sino políticos. Por eso necesitamos crear la Europa de los ciudadanos y las ciudadanas frente a la Europa de los mercados. Unas elecciones son un momento decisivo para meditar y cambiar de rumbo. Europa, la crisis y el voto están en tu mano.